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El súper cumple 35 años

Iván de la Nuez

 

El súper cumple 35 años y el blog se apunta al homenaje invitando a sus lectores a ver (o revisitar) esta película que no defrauda. Dirigida por León Ichaso y Orlando Jiménez Leal, con Manuel Arce en la producción y el guión, está basada en la pieza teatral de Iván Acosta y es el primer largometraje realizado por exiliados cubanos en Estados Unidos.

Su estreno tuvo lugar en 1978 y, casi cuatro décadas más tarde, se mantiene intacta (acaso ha ganado con el tiempo). El súper se anticipa a Crossover Dreams (1985), del propio León Ichaso con Rubén Blades como actor y coguionista. Su impronta es perceptible, asimismo, en el El portero, novela neoyorquina de Reinaldo Arenas. Desde su aparente sencillez, se trata de una película hipnótica sin artilugios, de una fábula sin moraleja; un cine pobre sin retórica.

 

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Bob Geldof y el ciberpesimismo

Iván de la Nuez

Bob Geldof, músico y activista que pasó un largo tiempo dedicado a amalgamar el rock con las buenas causas, acaba de afirmar que “el rock ha terminado”, pues “ha sido sustituido por Internet”. Así, el antiguo líder de The Boomtown Rats se suma, por una parte, a las filas de sepultureros abonados al “Rock and Roll is Dead”. Y por la otra, se alista en la tropa de aquellos que ven en la red una panacea, o la fuente de la eterna libertad, o el soporte idóneo para cambiar el mundo.

Geldof llega tarde en sus dos afirmaciones. El rock lleva décadas sufriendo un funeral tras otro. E Internet, si bien no ha sido declarado muerto –algo en lo que algún gobierno y alguna trasnacional trabajan seriamente-, sí empieza a tener detractores tan pertinaces como los enterradores del rock.

Los más destacados suelen ser especialistas –antaño cibereufóricos- que, tras probar los elíxires de Google y Facebook, MySpace y Twitter, han pasado primero a dudar y más tarde a renegar del medio. Algunos de ellos, como Jaron Lanier, antiguos gurús de la informática y la realidad virtual, hoy decepcionados. Otros, como Paul Virilio, que no acaban de comulgar del todo con la “democracia emocional” generada por Internet.

El último, o el penúltimo, en echarle un cubo de hielo a la cibereuforia ha sido Evgeny Morozov, un bielorruso nacido en 1984 que acaba de publicar El desengaño de Internet (Destino). Aquí, Morozov se da a la tarea de desmontar varias supersticiones sobre la red, en un recorrido que va desde sus conexiones con las políticas oficiales hasta sus modelos de negocio, pasando por sus efectos en la vida cotidiana y en la cultura. Sin el carisma vehemente de Lanier, y sin el empaque teórico de Virilio, Morozov goza, sin embargo, de un prolijo conocimiento de las redes sociales y de una considerable capacidad de síntesis, cualidades estas que hacen de su libro un remarcable compendio capaz de atizar todo tipo de sospechas sobre Internet o alertarnos de su lugar en la vigilancia y documentación de todos y cada uno de nuestros actos.

El desengaño de Internet es un libro paranoide –y que nos pone algo paranoicos, todo sea dicho- donde encuentran cobijo la traición de Occidente a los antiguos países comunistas o el efecto de Twitter en la reducción de los discursos de Hugo Chávez, la continuidad de la guerra fría en el ciberespacio o la adicción de los tiranos a los blogs…

El desengaño de Internet tiene mucho de neoludismo y, si no lo ha hecho todavía, salió en inglés en 2011, Bob Geldof debería leerlo para entenderse mejor a sí mismo. Porque si Internet quedara, igual que el rock, como la gran panacea del Entertainment, el problema no estaría en el error de su afirmación sino en la posibilidad de que tenga razón.

(*) En la imagen, una pieza de Hugo Orlandini.

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Yuri Herrera y «La transmigración de los cuerpos»

Iván de la Nuez

Hoy sábado, el escritor mexicano Yuri Herrera presentará su tercera novela: La transmigración de los cuerpos. Lo hará en el Espacio Cruce, de Madrid, acompañado por su editor, Julián Rodríguez, y el artista y poeta Javier Codesal. La tarjeta de invitación anticipa que el lanzamiento del libro  tendrá lugar “un día antes de que llegue a las librerías españolas y mexicanas”. También promete “un vino”.

Herrera (Actopan, 1970) es autor de Trabajos del reino y Señales que precederán al fin del mundo. Sobre La transmigración de los cuerpos, en breve compartiremos la reseña aquí.

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Mis diez libros del 2012

Iván de la Nuez

Al final, he decidido colgar mi lista en el blog. No ignoro que es un trabajo inútil y también ingrato, pues suele calificarse por los que quedan fuera… Así que cuando Babelia me pidió “mis diez libros del año”, la primera reacción fue negarme. Al final acepté, aunque sólo fuera por lealtad a algunas críticas que había publicado a lo largo de 2012. 

También hay, o al menos eso quiero pensar, otras ligazones. Para empezar, de todos estos libros me he servido a gusto para mi propio trabajo y todos han impactado en su evolución. Todos llevan al límite la relación entre lo real y lo relatado. Y los diez, en su conjunto, ofrecen un curioso mapa del mundo, una cartografía diferente de sus problemas.

Ahí va.

1. Lo que cuenta es la ilusión, Ignacio Vidal-Folch. Destino.

2. Joseph Anton, Salman Rushdie. Mondadori. 

3. Composición no.1, Marc Saporta. Capitán Swing.

4. El libro negro, Vasilli Grossman / Ilyá Ehrenburg. Galaxia Gutenberg.

5. Los sordos, Rodrigo Rey Rosa. Alfaguara.

6. Mientras los mortales duermen, Kurt Vonnegut. Sexto Piso.

7. Jamás el fuego nunca, Diamela Eltit, Periférica.

8. El ritmo perdido, Santiago Auserón. Península.

9. El jardín colgante, Javier Calvo- Seix Barral.

10. Atlas portátil de América Latina, Graciela Speranza. Anagrama.

(*) Esta lista salió publicada en El País, 29 de diciembre 2012.

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Santiago Auserón y «El ritmo perdido»

Iván de la Nuez

Comienza la lectura de El ritmo perdido, libro que acaba de publicar Santiago Auserón en Península. Volveremos aquí, con los deberes hechos, para hablar de este ensayo cuyo subtítulo dice así: Sobre el influjo negro en la canción española.

Resulta cada vez más difícil encontrar a un artista, no digamos ya un ensayista, cuya búsqueda sea exactamente eso –zigzaguear a tientas- y no la confirmación de una tesis. Auserón es uno de ellos. Vale la pena irse a bucear con él. Es igual si encontramos cosas distintas. Es mejor.

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Tres momentos dandis

Iván de la Nuez

Esta es una historia reciente y la jalonan tres momentos concretos. Tres alertas que han dejado la pista, durante este último año, de un renovado interés por los dandis en el mundo hispanoamericano.

El primer aviso llegó  de la mano de Gloria G. Durán con su libro Dandys  extrafinos, publicado a finales del año pasado por la editorial Papel de fumar.

El segundo aviso lo acaba de emitir la editorial Capitán Swing con la edición de Prodigiosos mirmidones. Esta antología (y apología), concebida por Leticia García y Carlos Primo, es un All Star del dandismo. Para empezar, el prólogo de Luis Antonio de Villena. Para acabar, Tom Wolfe. Entre ambos, Carlyle y Baudelaire, Virginia Woolf y Francisco Umbral.

El tercero de estos avisos lo ha dado Francisco Morán. El ensayista y editor cubano acaba de compilar un homenaje a Julián del Casal como un número especial de La Habana Elegante (Segunda Época), pionera de las revistas electrónicas cubanas, que celebra así su 15 aniversario. A Morán le debemos también un título imprescindible de este rescate, Julián del Casal, o los pliegues del deseo, editado por Verbum.

De pronto, editoriales pequeñas que consiguen agrupar a grandes autores y actualizar, en pleno siglo XXI, una actitud cultural que muchos consideraban extinguida.

¿Por qué?

¿Acaso porque, como decía Baudelaire, y repite De Villena, el dandi es “el último resplandor de heroísmo en la decadencia”? ¿Acaso porque, como intuye Gloria G. Durán, el dandi está mejor preparado para salir airoso en un mundo donde todo es imagen y todo mercado? ¿Acaso porque, ahora lo explica Francisco Morán, estos personajes aun condenados al olvido ejercen una fascinación sobre nosotros que nos obliga a recuperarlos, pero no tanto para afirmarlos a ellos sino para negar a aquellas sociedades que los mantenían sumergidos?

Lo cierto es que, en medio de una decadencia sin héroes, no debe resultar extraña la búsqueda de los héroes de la decadencia. A los dandis de este siglo, en cualquier caso, no le han faltado máscaras –Michael Jackson-, ni reafirmaciones sublimes de su individualidad –David Bowie-, ni un mundo al que despreciar sin contemplaciones –Michel Houellebecq-, ni la exhibición cínica del dinero –Jeff Koons-.

Hay dandis tristes y en blanco y negro –como la Edith Piaff de Gloria G. Durán. Y hay dandis horteras –dandis anti-dandis- como el Tony Manero de Saturday Night Fever. Hay incluso, vuelvo a Durán, “dandysymas”, así en femenino. Los hay oscuros e incluso aterradores (¿dónde colocar, si no en el dandismo, a toda la saga vampírica, deudora de Drácula, que hoy hace furor?

El dandi prefiere comportarse como un rebelde antes que como un revolucionario; una característica que detectó Camus y que ha rescatado siempre Luis Antonio de Villena. Y esa puede ser una clave para entender este regreso. Más que obedecer a una “decadencia”, el dandi de estos días parece expresar una “disidencia”. Para decadente, ya tenemos al mundo.

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Wrecking Crew Orchestra

Iván de la Nuez

Comparto esta pieza –America´s Got Talent– de la Wrecking Crew Orchestra, que ha entusiasmado a Xavier Manubens, y al que agradezco su envío.  ¡Disfrútenla!

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Cibercoopere con el artista postcubano

Iván de la Nuez

Afloje aquí:

http://www.yagruma.org/p/430001/la-cibertimba-y-el-barbaro

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Manuel Saiz y el círculo vicioso

Iván de la Nuez

12. TTZZ es el proyecto de un tren circular y su itinerario sigue el movimiento del reloj. Su desplazamiento no tiene lugar en el tiempo sino en la medida del tiempo. Su viaje da cuenta de Europa y, asimismo, consigue que nos “demos cuenta” de Europa. TTZZ (el Tren del Tiempo) atraviesa el arte y la tecnología, el fascismo y el conocimiento, la fábrica Phillips y Michel Foucault, la Documenta de Kassel y una plaza de Verona en la que Romeo y Julieta apenas tuvieron tiempo de apurar su aventura.

1. TTZZ es también una Máquina del Tiempo y nos involucra en la paradoja del “regreso al futuro”. Conviene alertar que se trata de una máquina devastadora que sólo puede avanzar ejerciendo la violencia: tanto contra lo que consideramos “contemporáneo” como contra aquello que consideramos “patrimonial”. Su misión consiste en horadar nuestras ciudades-museo, tan petrificadas en su pasado de esplendor como orgullosas de la presencia en ellas de la tecnología “punta” de este tiempo.

2. En su recorrido, el Tren del Tiempo evoca la Enciclopedia. Por mucho que trate de expandir su viaje, al final queda atrapado en la claustrofobia de un conocimiento circular que, en sus mejores momentos, nos remite al Ágora: implica la política y -¿por qué no?- la república. En otros, nos desvela una Europa que, cumplida su expansión, regresa ensimismada a las tareas propias de la exclusión. Alguna vez, el TTZZ se convierte en un tren antiguo y deja escuchar los chasquidos de la Europa que fue (ahora sólo concebible como arte o memoria). O como el nombre de un club de fútbol, un grupo de rock, una idea de la civilización…

3. Hay un reto en esta pieza cerrada (esta circunferencia). Y ese reto viene de lo que ha quedado fuera, de esas voces que desde el exterior tientan nuestra tranquilidad. El Tren del Tiempo le sirve a Manuel Saiz para explorar ese paisaje del otro lado. Para lidiar con un malestar hacia eso que seguimos considerando “arte”, o “artista”, o “contemporáneo”. Por eso Saiz ha necesitado “salir” del arte para escribir un libro o emplearse a fondo en un “blog colosal”. La fuga, aquí, consiste en la construcción de un tren posible, aunque irrealizable.

4. Todo círculo arrastra la fatalidad de ser, finalmente, un círculo vicioso. En el Tren del Tiempo Manuel Saiz parece rendirse a esta evidencia, cuando traslada al artista la pregunta que Klossowski –Nietzsche y el círculo vicioso– destinó al filósofo. ¿Es posible hoy esta figura? ¿Es necesaria?

5. Rosalind Krauss publicó, en 1979, La escultura en el campo expandido. Un ensayo que describía el salto del arte más allá de sus propios confines. El arte, ante un malestar que ya no podía resolver dentro de sus límites, no tenía otra opción que expandirse o morir. Sólo que ese estiramiento no presuponía -como sucede ahora con frecuencia- a un arte embelesado con la tecnología. Más bien, usaba la tecnología de entonces para mantener la escala humana.

6. La literatura tuvo, en su día, esta inquietud. Así al menos se explica en los escritores que, entre finales del siglo XIX y principios del XX, sentaron las bases de la ficción moderna: Henry James y Robert Louis Stevenson, Balzac y Poe, Chéjov y Rilke, Chesterton y Wilde… A todos les fascinaba el status de los pintores de su época. Querían su reconocimiento y su esplendor. Desde entonces, la literatura no ha dejado de engullir el mundo de las artes visuales (el espectáculo y el cine, la televisión y el cabaret, la pintura y el vídeo) hasta el punto que hoy podemos escribir una historia del arte de ficción (sólo con artistas, obras y museos imaginados por escritores). De Paul Auster a Patrick Mc Grath, de Ignacio Vidal Folch a Roberto Bolaño, de César Aira a Don Delillo. Certeros ejemplos de que el principal malestar de la cultura contemporánea no proviene de lo que concebimos como ficción sino de aquello que se nos endosa como verdad.

7. Los proyectos de Manuel Saiz basculan en este viaje de ida y vuelta que tiene lugar entre el arte y la escritura. Sus piezas llegan a conformar (si se me permite este término) un arte de “retaguardia”. Como si aguardaran en una recámara de la que sólo pudieran salir por razones de “fuerza mayor”. Persuadidas, acaso, de que no es otra imagen visual –una más- lo que necesita el arte contemporáneo. El arte contempráneo, cualquier cosa que esto sea, está urgido –y mucho- de las palabras. Aquellas que, ante la sobredosis de imágenes que nos atribulan, sean capaces de consolidar un imaginario.

8. Esta es la ganancia que nos deja la obra de Manuel Saiz. Una ganancia difícil y poco confortable, conviene advertirlo, debido a la desubicación intencionada que sigue su trayectoria. Da igual que se trate de videoartes, proyectos curatoriales, intervenciones sorpresivas, esculturas sociales o performances en las que el espectador termina involucrado. Da igual que sean libros –como 101 excusas o A Colossal Blog-. Da igual que obedezcan al registro diario de alguien que pasa ocho meses en Roma sin ver, ni una sola vez, el Coliseo, indaguen en la polisemia de la palabra “Buffer”, o se propongan, con todo detalle, construir un tren circular para Europa.

9. Para un ensayista, esta obra es gratificante y a la vez incómoda. Genera un enriquecimiento y también la sospecha de no estar a la altura: intuyes lo que puede ofrecerte a ti, pero te queda la sensación de tener poco, o nada, que aportarle a ella. Son trabajos que tienen un relato complejo que, sin embargo, no puede calificarse como “narrativo” en el sentido rudimentario o manoseado de este término. No son obras “sobre” este o aquel aspecto de las cosas. Son planos propiciatorios de tales aspectos y tales cosas -bocetos capaces de precipitar realidades tangibles.

10. Los proyectos de Manuel Saiz están marcados por ese zigzag avistado por Blanchot en La literatura que vendrá. Unas veces “escritor” y entonces, como Ulises, se tapa los oídos ante las Sirenas (sobrevive para contarlo). Otras veces “artista” y entonces, como Ahab, se pierde tras la imagen de la Ballena.

11. El Tren del Tiempo es a Europa lo que Mistery Train fue a América. (la canción que cantaba Elvis o el libro de Greil Marcus al que dio título). En Time Train, la superstición de un continente; en Mistery Train, la ilusión de un país. Lo férreo y lo fluvial. Como si el ferrocarril representara para los europeos lo que el Mississippi para los americanos. El Tren del Tiempo surca la historia por un lugar inesperado. Tiene su origen en una “visión” similar a la que llevó a Fitzcarraldo hasta el último puerto y que Werner Herzog definió como la “conquista de lo inútil”. De hecho, el Tren del Tiempo no es un artefacto “útil”, pero es una obra necesaria.

(*) TTZZ Time Train, proyecto audiovisual de Manuel Saiz, se presenta el sábado, 29 de septiembre, en La Casa Encendida de Madrid. Este texto fue escrito para el catálogo de su versión expositiva, que inició su recorrido hace unos tres años en Huesca. En el blog compartí el proceso de escritura de este ensayo que ahora publico aquí completo. 

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Una colección “trans-iberiana”

Iván de la Nuez

Hoy, 18 de septiembre, se presenta en la librería La Marabunta, Madrid, Octavio Armand, singular poeta y ensayista cubano-neoyorquino-venezolano. Armand estará allí con dos libros: El ocho cubano y Octavio Armand contra sí mismo (una aproximación a su mundo de la mano de Johan Gotera). Ambos han aparecido en Efory Atocha ediciones, proyecto editorial de Santiago Alpízar.

Efory Atocha ediciones acaba de publicar, asimismo, a Sigfredo Ariel –Ahora mismo un puente-, Karelyn Buenaño –La condición del fuego-, Margarita Vélez Verbel –El libro de las destrucciones-, Adán Echevarría –La confusión creciente de la alcantarilla-, Odette Alonso –Bajo esa luna extraña– y Yoss –Mentiras cubanas.

Los escritores son cubanos, mexicanos, colombianos o venezolanos. En su mayoría, trashumantes reflejados en esa condición que me gusta definir como trans-ibérica.

Dejo aquí constancia de esta aventura editorial que parece correr al revés de los tiempos y, por eso mismo, a favor de la imaginación.

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