El año del Bicentenario: ¿algún refugio cerca?

Iván de la Nuez

 

En cuanto alguien se dispone a hablar en nombre de América Latina, enciendo las alarmas y, si puedo, me pongo a resguardo. Sobre todo este año de festejos por el Bicentenario de la Independencia, en el que la exaltación se prevé como un requisito obligatorio en el orden del día de las conmemoraciones.

En cuanto alguien se dispone a hablar –o actuar- en nombre de América Latina, es también el momento de ecualizar. De ponerle filtro a la retórica que acompaña el empeño. Con su abanico de coartadas, su ontología fuera de escala, y su dosis (o sobredosis) de mesianismo; esos elementos inflamables del combustible que ha alimentado a todo tipo de experimentos: oligárquicos y liberales, marxistas y neoliberales, tiránicos y parlamentarios, guerrilleros y paramilitares, mitológicos o apocalípticos (la Atlántida no suele andar muy lejos). Casi todos, por si fuera poco, pasados por el tamiz del populismo: estilo idóneo para gobernar desde todas las ideologías (y desde la ausencia de toda ideología).

A la hora de tomar precauciones, guarecerse, ajustar sonido, los proyectos políticos no son los únicos a tener en cuenta. Los modelos culturales no se han quedado atrás a la hora de colocar los templos. El barroco y el boom, el modernismo y la antropofagia, el arielismo y Calibán, el postmodernismo y la utopía. No es cuestión de negar a ultranza los aportes –algunos formidables- de estas corrientes. (Incluso los clichés aportan lo suyo). Pero sí es momento de prevenir sobre el hecho, constatable, de que eso que entendemos por América Latina, en cualquiera de sus variantes, ha estado definido por un lenguaje eufemístico y una pretensión de unidad que muchas veces no ha hecho más que reproducir un ademán colonial.

A fin de cuentas, lo que entendemos por América Latina no deja de ser un relato, lo que no quiere decir que sea, necesariamente, una ficción. Desde el Mapa de Borges o La Mancha de Fuentes (ambos emplazados  sobre el territorio), ha primado un dibujo previo, un pre-juicio, donde el modelo ha fagocitado a lo real.

(Acaso ahí se encuentren los orígenes de tantas decepciones).

Bajo los embates de una guerra civil disfrazada de delito común, América Latina es también el enclave del principal legado de esos proyectos: la violencia. Desde ella, han brotado otros relatos menos asibles para los amantes de las teorías luminosas, pero desde los cuales podemos calibrar de otra manera el signo de este tiempo. Pienso así cuando leo las novelas de Yuri Herrera o Rodrigo Rey Rosa. Y en lo que entiendo como su distinción particular: conseguir que, bajo el territorio de La Mancha, asome, sin paliativos, la mancha del territorio.

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5 comments ↓

#1 eutelia on 09.06.10 at 6:01 pm

si,si..mejor dicho imposible!
saludos,
eutelia

#2 Tenchy on 09.07.10 at 4:41 pm

El populismo y sus innumerables investiduras, si lo sabremos nosotros… muy buen Post!

#3 Agramunt on 09.08.10 at 3:27 pm

Me gustaría leer más reflexiones tuyas sobre América Latina. Y sobre Cuba. ¿Qué te parece Generación Y? ¿Estás al tanto de ese fenómeno?

#4 Sirin on 10.28.10 at 5:39 pm

https://ivandelanuez.org/?p=1655

#5 Sirin on 10.28.10 at 5:39 pm

Alejo carpentier sobre America Latina

http://www.youtube.com/watch?v=fDER4JgWX3g

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