La verdad a tientas

Iván de la Nuez

Me entero, por Rafael Rojas, que La oscuridad no miente, de George Bataille, ha sido reeditada. Se trata de la misma impresión de Taurus, 2002, con traducción y cuidado editorial de Ignacio Díaz de la Serna. Entonces, escribí esta reseña -en el suplemento Libros, de El Periódico de Catalunya-, que aquí recupero.

El efecto Bataille dura ya medio siglo. Su onda expansiva, que todavía no cesa, alcanza la singular idea de Maurice Blanchot sobre el comunismo y la arqueología de Michel Foucault, la estética de la desaparición de Paul Virilio y el nihilismo cínico de Jean Baudrillard, el erotismo y la biblioteca, el placer y el dolor, la felicidad y la violencia. Si quisiéramos intuir lo que somos, lo que podemos ser, lo que jamás seremos, algo de eso está cifrado en la obra de George Bataille, frente a quien la primera pregunta no sería qué puede enseñarnos sino, justamente, cómo podemos leerlo. En su epílogo a La oscuridad no miente, el traductor y responsable de la edición, Ignacio Díaz de la Serna, ofrece una clave fundamental: a Bataille, lo importante no es comprenderlo, sino ser capaz de soportarlo. Aceptado esto, se está mejor preparado para lidiar con La oscuridad no miente, selección de fragmentos y apuntes destinados a ser la segunda parte de la Suma ateológica, obra que no fue concluida nunca. Aquí, Bataille da continuidad a su filosofía, interrogando la zona productiva de la violencia, la razón, la muerte y, en general, el sentido de la experiencia, la cual él mismo entendió como el acto de vivir en el límite de lo posible.
Este libro forma parte de ese abismo, desde el que nos precipitamos a tientas del suicidio al insomnio, de la muerte a la crueldad, del saber al juego, del ateísmo a Dios. Especialmente importante es seguir su proyecto del «no-saber», a través del cual se da cuenta del significado de la muerte («la muerte nada enseña»), la revuelta («el problema esencial de la revuelta es liberar al hombre del compromiso del esclavo»), o la risa («ese efecto de trastorno íntimo, de sorpresa sofocante»).
La oscuridad no miente es un libro tramposo que, a la vez, tiene la honestidad de avisarnos sobre ese particular: «Este libro no se dirige a los hombres cuya vida no es interiormente violenta». Hombre, él mismo, de interiores violentos, de varias vidas y de diversos registros, autor de obras cardinales como Historia del ojo, La literatura y el mal y El erotismo, en los textos que arman La oscuridad no miente Bataille nos hace avanzar a oscuras, con la única ayuda de esos relámpagos efímeros que logran que nombremos la verdad. Son pocos los hombres -Sade, Nietzsche, Kafka- que alcanzan a ser, en sí mismos, enigmas de toda una cultura. Bataille es, sin duda, uno de esos enigmas.

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7 comments ↓

#1 Delio Regueral on 12.11.10 at 2:39 pm

Sugiere la mencion oculta de Lezama en esta resenha, sentencia benevola en el juicio final de la filosofia como fin, y como medio la pretension literaria impresionista posando de hiperrealista.

#2 nappy hair on 12.11.10 at 4:29 pm

I love it when you come back enseguida, lo que dices y como lo dices. no te pierdas tanto …!

– Ivan, seria mucho pedir que abras tu blog de la moderacion? Te da miedo o es muy pesado?

Delio, describes muy bien tu propio estilo de escritura –

#3 ernesto calvo on 12.11.10 at 11:00 pm

Iván, un comentario algo largo. A propósito de Bataille y de esa actual revalorización de pensadores (intelectuales, escritores) radicales y extremos, con una dosis ambigua de marginalidad, como pasa quizás también con Artaud o Blanchot, conecto dos cosas: una suerte de re-vuelta (entre oculta y virtual) hacia un neoromanticismo siglo XXI, del que habla José Luis Molinuevo en Magnífica miseria. Dialéctica del romanticismo; y también, leyendo recientemente una entrevista a la curadora de la 13 Documenta de Kassel (para conectarlo con lo que está en el «ambiente» dentro del arte contemporáneo, tanto a nivel curatorial como de artistas, que sabemos ambos son muy propensos a esos giros fashion) a un pensar filosófico en sus sentidos primigenios, por encima -o por debajo- de lo discursivo foucaultiano y que revaloriza una especie de filosofía y saber ensayístico prekantiano, más cercano a la amistad, el amor y la muerte, en una estela similar al último Derrida…

Sin embargo esto confluye -seguro de una manera perversa aunque inquietante y hasta lúdica- con la pornográfica y virtual sociedad del espectáculo actual de Debord y Baudrillard, y te lo digo a propósito del título de tu reseña y su contraste con unas «citas» de Lady Gaga, precisamente en el palacio Saint Jordi en estos días, que me llamaron mucho la atención y que tal vez cuestionan tu título mismo(?), aunque de una manera vulgar y casi pornográfica, tal y como lo entendía el propio Baudrillard, pero creo que cercana a la vez, al propio pensar escatológico de Bataille:

«Odio la verdad. Prefiero una dosis gigante de mierda antes que la verdad»

Y está otra, mucho más sugerente y que en este caso, más bien creo que confluye con tu reflexión sobre esos pensadores-extremos de civilizaciones en crisis y su potencial soledad, donde me parece hoy estaría además, Agabem y esa conferencia fundamental de «Qué es ser contemporáneo»?

«Cuando estés solo, yo también lo estaré. En esto consiste la fama»

Un abrazo, E.

#4 IváN on 12.12.10 at 7:24 am

Coincido en el tema del neo-romanticismo. Aunque con las alarmas puestas. En los últimos quince años hay una línea evidente en el ahora denostado Nuevo Arte Británico –carnal, egocéntrico, pagano- y otra en un arte más tecnológico con influencias de la clonación y los avances en la genética o la realidad virutal. Ambos exploran la posibilidad de alcanzar “su” Frankestein (monstruo romántico por excelencia). Sobre esto escribí “Los usos paganos” y “La tercera Odisea”, este último para la exposición “Parque Humano”. Ambos aparecen más o menos tuneados, como capítulos del libro “Inundaciones”. (Tal vez recupere aquí “La tercera Odisea”, escrita en 2000). Sobre Bataille, es cierto que tenía una vida extrema (basculaba entre sus exploraciones vitales en el límite y un respetable trabajo en la Biblioteca Nacional), y eso consigue convertirlo en obra y en una linterna para los otros. Leí la entrevista con la comisaria de la próxima Dokumenta y me pareció un poco naif. Tiene razón en que lo emocional es un bien escaso en el arte contemporáneo; pero el romanticismo (o el neo-romanticismo) más interesante es el que resulta más siniestro que cándido: De Mary Shelley a la clonación hay un buen itinerario que seguir.
Gracias a Delio, nappy hair y a Ernesto por comentar y proponer. Seguimos…

#5 Jesús Mascota on 12.12.10 at 5:21 pm

Es interesante tu comentario anterior.
Estoy de acuerdo en lo del Nuevo Arte Británico.
Es más siniestro que cándido no está en moda.
La candidez dejó de existir para bien o para mal.
Quizás lo que diga es cándido…o más bien siniestro.
será por eso que En la Oscuridad no Miente, el
traductor deja claro y ofrece su clave fundamental:
lo importante no es comprenderlo sino ser capaz
de soportarlo.

#6 maria herrera on 12.12.10 at 5:36 pm

Me gusta tu artículo.
Pero presiento una cierta cándidez.
No todo lo que se dice es siniestro pero la
cosa está en los límites. Hablas de Inundaciones.
Un libro interesante. El que escribe es como el
que toca un instrumento musical: nunca se queda
solo. Aunque lo sienta, pero es mentira. ESCRIBE.

#7 ernesto calvo on 12.12.10 at 9:25 pm

Iván, coincido totalmente contigo en lo «naif» de los comentarios de la curadora de la Documenta 13, o al menos de la entrevista-artículo que sale, por su condición misma de estar realizada para un medio masivo. Pero que creo que igualmente es sintómática de cuáles son los rumbos de muchos de est@s rockstars curatoriales, que sí tienen una habilidad increíble para oler y tomar lo que esté en el eter de la cultura y la visualidad contemporánea (de Mosquera a Bourriaud, que ambos me parecen respetables por lo demás) como decía Yvez Michaud en «El arte en estado gaseoso» . Por suerte hay unos pocos que salvan el «barco», al menos con una mayor capacidad incisiva y microfísica, que mediática.

Sobre lo siniestro, igual de acuerdo (extrañamente casi siempre me satisfacen tus plateamientos, o al menos coincido parcialmente con ellos), creo lo mejor de ese neorromaticismo sui generis actual, bebe paralelamente de ese sublime -de Burke a Kant y de Shopenhauer a Lyotard- pero a veces con una dosis inevitable de lo siniestro freudiano y lo dionisiaco nietzscheano, que a su vez se conecta, nuevamente, con Bataille…Me gustaría mucho leer la «La tercera Odisea», así que si la publicas en el blog sería genial, no la recuerdo ahora, aunque si en algún momento pude leer Inundaciones, pero con las prisas y la precariedad de un libro prestado. Por cierto, que el de Fantasía Roja que alguna vez me mandaste al valle centroamericano, se lo presté en algún momento a una (interesante) fotógrafa panameña, Rachelle Mozman, en alguna bienal y nunca me lo devolvió; ahora en «recompensa» a su apropiación permanente, escribí un texto breve sobre ella en la última Exit Express. Así son las relaciones «artistas-cruadores»!

Y qué bien que estás escribiendo más; me imagino aprovechando las vacaciones, se agradece!

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