Generación, ipod, plaza pública

Iván de la Nuez

Las manifestaciones recientes de El Cairo y Túnez, Casablanca o Trípoli, han conseguido situar a la plaza pública como el Ágora del cambio, el perímetro por excelencia de la protesta y, al mismo tiempo, de una nueva convivencia. En todos los casos, se ha hecho patente una dimensión generacional que ha sorprendido a muchos analistas: entre los dictadores árabes y al Qaeda había una opción de futuro que no había sido suficientemente atendida en las fórmulas al uso para explicar ese mundo.

A la vez que los jóvenes árabes se lanzaban a por la democracia en situaciones de alto riesgo para sus vidas, en el sur de España sus coetáneos se citaban para el primer Botellón multitudinario de la primavera. Con todos los artilugios de la telefonía móvil y haciendo uso del flashmob, parte de la ciudad quedaba convertida en algo que bien podríamos llamar Dipsópolis.

Uno y otro ejemplo han removido el debate generacional y la pregunta por el lugar de los jóvenes en la política. En España, han vuelto a sacar la cabeza desde el Marx de «los hombres se parecen más a su época que a sus padres», hasta el Lennon de «hay que desconfiar de todo el que tenga más de cuarenta años», pasando por el Ortega y Gasset que hablaba del hombre como una criatura histórica. Se han recordado asimismo mitos como la Generación del 98, la Generación Perdida, la Beat Generation, la Generación X, la Generación Y…

¿Qué es una generación? En Autobiografía sin vida, su libro más reciente, Félix de Azúa ofrece una inteligente respuesta. Para este escritor, una generación —en particular, la suya— es un grupo de gente que «canta la misma canción».

Con la extensión masiva del ipod —cada cual lleva consigo su propia «banda sonora»—, esa seña de identidad de la generación de Azúa ya no parece repetible. La joven crítica Ingrid Guardiola, en un artículo con todas las señas de un manifiesto, ha diseccionado a la suya como una generación de sampleado y remix, multiplicidad y precariedad, incertidumbre y cierta actitud neo-romántica.

Una generación 2.0 que, ciertamente, no será recordada en el futuro por haber compartido la misma canción, sino por su manera de compartir, o no, la plaza pública.

(*) Publicado en Diario de Cuba, en la columna «La semana en una imagen».

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2 comments ↓

#1 geKain on 03.28.11 at 3:59 pm

Muy bueno Iván, la enlacé a mi muro de facebook. Un abrazo.

#2 Tenchy Tolón on 03.31.11 at 5:57 pm

Algún día a nuestra generación la llamarán: La generación de la Diáspora. Estamos todos fuera… o casi todos.

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