Modelo chino

Iván de la Nuez

 

El hombre más rico de China —Liang Wengen su nombre— ha ingresado en el Partido Comunista. Todo indica que es solo un primer paso para integrar el próximo año el Comité Central, que opera allí como un club exclusivo de 300 poderosos. El multimillonario en cuestión —un magnate de equipos para la construcción con fortuna valorada en 7.500 millones de euros— no ha hecho más que confirmar aquella consigna lanzada por Den Xiaoping: «enriquecerse es glorioso».

Ya habíamos visto a Yao Ming, jugador de la NBA, convertido en Héroe del Trabajo. Y hemos sabido del furor con que los marchantes occidentales —del Mundo Libre, según una extendida y ridícula frase— se lanzaban a poner galerías en el país asiático, con un ritmo tan frenético como la multiplicación de sus ingresos.

Hemos visto asimismo a nuestros muy occidentales gobiernos —los líderes del Mundo Libre, no lo olvidemos— pasar de puntillas por las violaciones de derechos humanos en China, en un complicado malabar que busca sacar tajada económica sin herir la susceptibilidad política.

Si bien en China muchos comunistas han devenido millonarios, la prensa de estos días nos explicaba que el señor Wengen había recorrido el camino inverso: ahora, un potentado y convencido liberal, curtido por completo en el sector privado, optaba por convertirse en militante del partido.

Que un comunista quiera hacerse millonario es de lo más comprensible, pero que un millonario quiera convertirse en comunista es algo más extraño. Cierto es que ha habido casos en la historia; como el de esos aristócratas sacudidos por un ataque de filantropía o de culpa (acaso atormentados por el peso de una fortuna que consideran espuria).

Pero mucho me temo que, en el caso de este chino, lidiamos con un convencimiento algo más vulgar. Con la certeza inapelable de que el «sistema», el «aparato» o la «nomenclatura» se han convertido en los templos idóneos para repartir y conseguir influencia y riqueza.

En la geopolítica de las últimas décadas, el mismo Boris Yeltsin pasó —en muy poco tiempo— de miembro del politburó a fervoroso defensor del FMI y de la terapia de choque en Rusia. (La presencia del antiguo KGB en las más altas instancias del capitalismo ruso es motivo de estudios y libros diversos).

En la escala cotidiana de nuestras miserias menores -nuestros minúsculos canallas-, cualquiera que haya vivido el Comunismo ha visto a los más altos intransigentes de antaño saltar la cerca y medrar con intransigencia similar en su nuevo mundo, blandiendo ideas totalmente contrarias a las que habían defendido un año, un mes, una semana, un día antes…

Cualquiera que haya vivido el Comunismo habrá tenido que esquivar o soportar, en algún momento de su vida, la acusación de «diversionismo ideológico». Se era «diversionista» —también se usaba «desviado» o «torcido» o «débil»— por ideas o actitudes que casi siempre iban aparejadas a algún tipo de perversión capitalista: consumismo, avidez por lo superfluo, lecturas peligrosas, imitación de las formas de consumo del enemigo…

En esta nueva mezcla de represión con mercado —que sitúa a la democracia en «otra parte», generalmente lejos— pronto veremos un nuevo tipo de «desviación ideológica». Muchos serán expulsados del partido comunista por la falta -gravísima- de criticar a los ricos o -más grave todavía- de atreverse a defender a los trabajadores.

(*) En la imagen: Marble Arm, de Ai Wei Wei.

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8 comments ↓

#1 ABC on 10.02.11 at 11:37 am

Creo haberte leído alguna vez que ese «modelo chino» sería el modelo del mundo. Siniestro, ¿no?

#2 Niafunké on 10.02.11 at 5:36 pm

Hay que tener cuidado cuando se critica – de manera válida- ciertas acusaciones que surgen desde el Comunismo ; porque sin querer se le puede hacer el juego a sus estrategias. En principio, es harto sabido que los burócratas comunistas establecen sus dogmas y anatemas sobre la base de sus propias debilidades con un fin patrimonial. Sin embargo, muchas de esas acusaciones son sutiles y muy hábilmente concebidas a partir de la tergiversación y, la adopción, de términos con un origen verdaderamente revolucionario. Existe una importante diferencia entre el «consumismo» y el exceso o desmesura de consumo. Consumir es necesario y saludable, pero la hibris es muy dañina para cualquier sociedad. Algo parecido sucede cuando se habla o se escribe acerca de la «avidez por lo superfluo»; aquí se precisa distinguir qué es o no superfluo. El Comunismo generaliza y se apropia de manera torcida de términos que, puestos en su contexto genuino, serían apropiados. Es por esto que cuando se pretende hacer una crítica de esas acusaciones, se debe matizar para no caer, inconscientemente, en posiciones parecidas. No está mal criticar el consumismo en exceso ni tampoco denunciar la avidez por lo realmente superfluo, porque ambos conducen a la banalización de la existencia y a muchas otras catástrofes de índole material y espiritual.

#3 IváN on 10.02.11 at 5:45 pm

Niafunké: estoy de acuerdo con su advertencia, pero yo estoy describiendo un síntoma, poniendo algún ejemplo de los pilares que lo sustentan. En cualquier caso, la crítica al consumismo por parte de los ideólogos de oficio en el Comunismo, es la menos interesante con la que me he topado en este mundo. Por lo general, como bien sabe usted, lo que se sometía a escarnio no era el consumo -muchos de ellos lo practicaban con ansiedad- sino la posibilidad de una vida, un pensamiento, una experiencia fuera del dogma. El peligro no era, pues, consumir, sino consumir «otra cosa». Saludos.

#4 Niafunké on 10.02.11 at 6:14 pm

Iván: de cualquier manera me parece muy interesante el tema del post y la manera en que ud. lo trata. Al igual que el primer comentarista recuerdo haber leído, aquí mismo, otro texto suyo sobre el asunto. Seguir cuidadosamente la nefasta metamorfósis de una ideología tan peligrosa como la china, y en una coyuntura política y económica tan delicada me parece muy necesario. Estoy de acuerdo con usted en que es China quien peligrosamente va estableciendo el molde en detrimento de la democracia occidental. Saludos.

#5 Tenchy Tolón on 10.02.11 at 6:37 pm

Excelente! He aquí una perfecta hipótesis. No en balde antes de curador ya fue historiador. Al grano, y sin meandros inútiles.

#6 Periódico Guamá » MODELO CHINO » Periódico Guamá on 10.03.11 at 3:36 am

[…] El hombre más rico de China —Liang Wengen su nombre— ha ingresado en el Partido Comunista. Todo indica que es solo un primer paso para integrar el próximo año el Comité Central, que opera allí como un club exclusivo de 300 poderosos. El multimillonario en cuestión —un magnate de equipos para la construcción con fortuna valorada en 7.500 millones de euros— no ha hecho más que confirmar aquella consigna lanzada por Den Xiaoping: “enriquecerse es glorioso”… Continuar en Ivándelanuez.com […]

#7 A.T. on 10.06.11 at 3:15 am

El comunismo es una lección desde el futuro en reverso. Polos opuestos se dan la mano en la asíntota. La explotación siempre mantiene su contenido, pero ahora, contra-Marx, su forma no obedece a un «síntoma» específico de su contrario (el capitalismo), sino a una condición global más allá de geografías e ideologías. Por otra parte, contra-capital, el totalitarismo se banaliza como otra forma de capitalización burocrática de la modernidad. Ambos son caras de la misma moneda.

#8 Niafunké on 10.12.11 at 10:02 pm

A propósito, unas palabras de Zizek desde la Nueva York ocupada: “No somos comunistas si comunismo significa el sistema que se derrumbó en 1990. Recordad que los comunistas actuales son los capitalistas más eficientes e implacables. En China actual, tenemos un capitalismo que es aún más dinámico que vuestro capitalismo estadounidense, pero no necesita democracia, lo que significa que cuando critiquéis al capitalismo, no permitáis que os chantajeen diciendo que estáis contra la democracia. El matrimonio entre democracia y capitalismo se acabó.”

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