Weber o siesta

Iván de la Nuez

 

La reivindicación empezó por el director cinematográfico Jean-Luc Godard. Acto seguido, el artista Santiago Auserón recogió el guante e insistió sobre el tema. Más tarde, un artículo del filósofo Xavier Antich le dio otra vuelta de tuerca. Y, por si quedara alguna duda, Josep Massot abordó la cuestión en un largo reportaje publicado en La Vanguardia.

¿De qué estamos hablando?

Pues, de algo así como el mundo al revés. De la deuda que tiene Occidente, el presente, la civilización toda, con Grecia.

Estos recordatorios no sobran. Sobre todo en estos días, en los que ese país mediterráneo –la “cuna de la civilización occidental”- es tratado como un Estado paria, portador de la peste que hará crujir el modelo económico que compacta Europa, diana favorita de ese eje franco-alemán que se reedita cada cierto tiempo para imponer las normas.

Escuchando o leyendo al cineasta, el músico, el filósofo o el periodista, podemos imaginar algunas preguntas. ¿Cuantas “SGAE” harían falta para gestionar los derechos de autor que tendríamos que pagar a los griegos por haber inventado la lógica? ¿Cuántos conceptos –grandes y pequeños, trascendentales o cotidianos- manejamos diariamente gracias a ellos? ¿Quién debe más a quién?

De todo esto da cuenta el reportaje de Massot, que aborda, desde la Antigüedad, “lo que Europa debe a Atenas”. Empezando por el mismo término en disputa -“Economía”-, que hoy lo gobierna todo; y terminando por “Democracia”, que hoy parece difuminarse, el repertorio de deudas que tenemos con los griegos es casi infinito.

Antich, por ejemplo, se extiende sobre una frase cotidiana legada por Aristóteles: por lo tanto. “Usamos este término millones de veces cuando tomamos nuestras decisiones más importantes. ¿Es hora de que empecemos a pagar por ello? Cada vez que usemos la expresión por lo tanto pagaremos diez euros a Grecia, y así la crisis se acabará en un día y los griegos no tendrán que vender el Partenón a los alemanes”.

Es obvio que estos autores conocen con diversa profundidad la historia de la filosofía. Y sé que no les resulta ajena la alerta de Foucault sobre el peligro de remitir cualquier problema a la virtud luminosa de su origen en lugar de tratarlo “en el juego de su instancia”. No es la voz de Platón la que se deja escuchar en las políticas corruptas de Papandreu. Ni Aristóteles ilumina –no del todo- la codicia de su tocayo Onassis. Tampoco Goethe resplandece en Merkel ni Voltaire en Zarkozy.

Dicho esto, me parece que lo expuesto por unos y otros no está lejos de nuestra crítica actualidad, ni asentado exclusivamente en algún trono de la mitología.

Así, Santiago Auserón ha puesto sobre la mesa la desconexión palpable entre el norte y el sur, entre lo anglosajón y lo mediterráneo, entre la cultura del deber y la cultura del placer. Esas dos velocidades marcan el destino de una Europa que se construyó entre la posibilidad de una moneda única y la imposibilidad de una forma única de asumir la vida. La siesta y el espíritu protestante, lo pagano y lo sagrado, Weber y beber han sido, a la larga, elementos más difíciles de cotejar que la alianza de las civilizaciones. El “choque” estaba aquí mismo, en la propia Europa. En el mismo corazón de Occidente.

(*) En la imagen, interior del museo de Pérgamo, en Berlín.

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1 comment so far ↓

#1 La razón y el foro on 10.16.11 at 10:04 am

[…] de la Nuez (también) se plantea nuestra deuda con Grecia. Pero el norte comprende mejor la vida práctica. […]

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