Apocalipsis con agenda

Iván de la Nuez

Es algo que se le supone a las personas organizadas; pero hasta las más desastrosas, suelen tener una agenda. Incluso, aquellos que califican como ultramodernos o atacados por la papirofobia, no se resisten a la clásica agenda de papel, esa que comienza a hacer su «agosto», cada año, precisamente por estas fechas. Hace ya mucho tiempo que las agendas dejaron de ser calendarios neutros. Cada vez más, los doce meses que despliegan ante nosotros acaban por acercarnos un futuro en el que intervenimos y al mismo tiempo nos intercepta. Un futuro que pasa de ser entidad abstracta a elemento cotidiano. Los deberes y las citas, los aniversarios y las reuniones, por el mero hecho de estar apuntados, empiezan a comportarse como momentos reales que, aún sin haber «sucedido», ya están alojados de alguna manera en nuestra experiencia.

En lo relativo a esta costumbre de datar el porvenir, el año que viene será especial, pues se supone que ocurrirá la profecía maya, cuyo calendario se detiene en 2012, y tendrá lugar el fin del mundo. (Si miramos las perspectivas de la economía —ese otro tipo de profecía capaz de mellar al optimista más bravo— está claro que no hace falta ser maya para saber que lo pasaremos bastante mal.)

En cualquier caso, ya circulan dos agendas apocalípticas de 2012 que se proponen organizar a conciencia nuestros últimos días sobre la tierra: The Last Calendar, editada por Cabinet Book, proyecto editorial asentado en Brooklyn; y la Agenda del fin del mundo, de la editorial barcelonesa Blackie Books.

Ilustrada por Bigert & Bergström, The Last Calendar planifica «el breve tiempo que nos queda», así que va al grano y pasa de cumpleaños o días feriados para adentrarnos en distintos métodos de adivinación sobre el fin de los días, al mismo tiempo que reclama nuestra atención a fechas cruciales en la historia de las profecías: desde catástrofes naturales hasta retornos mesiánicos, pasando por posibles avalanchas de cometas sobre nuestro planeta…

Por lo que respecta a la Agenda del fin del mundo, que ya tengo conmigo, si el título resulta elocuente, su abarcador contenido —aderezado con algún aliño ibérico y un punto freak— no nos defraudará. Es una agenda, desde luego. Pero también un kit de supervivencia capaz de aconsejarnos sobre los pertrechos imprescindibles en caso de que nos tocara la suerte relativa de sobrevivir a la hecatombe.

Con concepto y desarrollo de Jonathan Millán y Sirag Nabih, La agenda del fin del mundo funciona, sobre todo, como un relato y un repaso de las profecías apocalípticas, donde no falta, entre otros asuntos, una clasificación de los monstruos diversos que han acompañado tales previsiones. Este calendario llega a ofrecernos un hipotético fin del mundo para cada semana —lo mismo por «megatsunami» que por «combustión espontánea», por «colisión de hadrones» o por una audición global, a lo Manson, de la canción Helter Skelter.

Hacia el pasado, nos refresca —a partir de 2800 a.C.— las alertas de asirios y romanos, turcos o franceses. O de apocalípticos tan notables que van desde el utópico Campanella hasta el matemático John Napier. Hacia el futuro, despliega una lista de profecías cinematográficas que han abordado años, siglos y milenios posteriores a 2012.

Ambas nos avisan de que no basta con vivir el fin del mundo; es preciso, además, organizarlo: «agendar» el apocalipsis para transitar por él a conciencia, con una planificación tan perfecta como inútil.

 

Share

1 comment so far ↓

#1 Miss_Wasavi on 11.02.11 at 6:13 pm

Y dónde se puede comprar?

Leave a Comment